lunes, 23 de abril de 2012

EN MI LUNA ROJA



Me levanto angustiada por las obligaciones ineludibles, inaplazables, indelegables.

Algo que en otro momento se trivaliza en la rutina del día, hoy se hace insoportable, una carga.

Mis inseguridades despiertan a sollozos, tal vez por el quejido continuo de mi tristeza.

Y es que, simplemente, no me apetece salir de casa. 

Sólo por un día, refugiarme en el calor de mi taza de té. 


Prepararme una ensalada templada, ligera y sana, rápida, sin más dedicación, porque hoy, quiero retirarme por un momento.

El mundo continúa, y yo, no soy imprescindible.

Reunirme con mi hija en la siesta, descansar mi cadera, relajar mi vientre y aliviar mi espalda bajo el edredón.

Dormirme al son de su respiración y sentir cómo, fundiéndose con mi necesidad de descanso, prolonga su sueño más allá de la costumbre, sabiduría de mujer que ya late en su cuerpo de niña.

Despertarme sus besos y sentirme aliviada, profundamente aliviada...

... y renovada.

Y sentarme a escribir mientras bendigo mi sexo.

2 comentarios:

  1. ¡Caray, qué bien expresas tus emociones!
    Sí, bendice tu sexo y vive en tu luna roja mientras esté ahí.
    Pero no hay nadie imprescindible, no hay nada ineludible...no existe nada inaplazable. El tiempo no existe. Existe el aquí y ahora. Existe Vivir.
    Gracias por compartir.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Cierto!

    Nadie imprescindible, mucho menos en esos días...

    Nada ineludible... aún estoy en ese aprendizaje.

    Gracias miles por tu comentario

    ResponderEliminar